domingo, 15 de diciembre de 2013

Mi noche larga en el museo




Mi noche larga en el museo
                                                                        Por: Erick Stern

“Y uno es feliz como un niño, cuando sale de la escuela”
Joan Manuel Serrat

De vez en cuando la vida nos da oportunidades magnificas para maravillarnos y redescubrir cosas que teníamos olvidadas o creíamos perdidas para siempre, como la poesía, la pintura, la historia, el patriotismo. El pasado sábado siete de octubre tuve esa oportunidad cuando se celebró la “Noche larga de los Museos”, propuesta del Ministerio de Cultura (siguiendo una tendencia internacional) en la cual numerosos museos abren sus puertas los fines de semana en horas nocturnas para que los habitantes comúnmente absortos por la faena diaria puedan disfrutar de una riqueza que generalmente estaría vedada al momento en que salen de sus trabajos. En este post quiero relatar mis vivencias de esa noche y transmitir los sentimientos nacidas en ese día completo, además de alguna que otra idea irreverente de las que siempre se me ocurren mientras ando paseando.

Para comenzar, el sábado me desperté tarde –práctica benéfica y fugaz en la cual solo se puede incursionar desde la adolescencia hasta el nacimiento del primer hijo-- y después de una buena comida, salí a correr por la inmensa ciudad de Santo Domingo. Solo un sector basta para agotar al más impetuoso corredor y la zona de Las Praderas, con sus aceras amplias y asombradas daban la bienvenida a mis pasos.





Cuando agotado realcanzo mi morada, después de otra satisfactoria comilona me propongo averiguar qué hacer en mi solitaria tarde en la ciudad. Mi amada había partido hacia su natal Puerto Plata, novia del Atlántico, por lo que este fin de semana no tenia planeado subir a mi Santiago a encontrarme con ella. Dubitativo recurrí al excelente portal de eventos quehacerhoy.com.do y, a pesar de ser un asiduo lector de periódicos, me enteré por vez primera de que justo ese día se celebraría la versión navideña de “La Noche Larga de los Museos”. Encandilado por la idea y habiendo tenido buenas experiencias la edición pasada, decidí partir hacia la Zona Colonial.

Encaminado me enfrenté al dilema de la distancia que me separaba de la Zona. Siendo un entusiasta del transporte público cuando lo experimento en otros países, decidí “montarme en el progreso” y alcanzar mi objetivo vía Metro de Santo Domingo. Ahora bien, como el Metro no pasa ni cerca de mi casa ni cerca de la Zona Colonial, debía recorrer en “concho” las distancias que me separaban de mis objetivos y si bien no tenga nada en contra de los choferes de “concho” –como estoy seguro que nadie tenia nada en contra de los trabajadores municipales que llenaban de aceite las lámparas que constituían el alumbrado público en la época de Lilix--, montarme en los mismos es una experiencia que prefiero evitar. Eventualmente, así como el alumbrado de aceite, entiendo que el “concho” debe desaparecer y formas más eficientes, ecológicas y seguras de transporte deben tomar su lugar. Por tal razón, haciendo una objeción de conciencia, di los primeros pasos de los quien sabe cuantos miles de pisadas de aquella noche.


De la B a la C el trayecto fue en Metro, el resto fue a pie.
 
El camino, si bien largo, fue bastante agradable desde mi casa a la estación Pedro Francisco Bonó, primer sociólogo de nuestra joven República. El traspaso de la línea 2 a la Línea 1 del Metro fue evocativo de las estaciones de Metro de Nueva York las cuales tanto admiro y disfruto cada vez que visito la Gran Manzana. Finalmente desembarco en la estación Joaquín Balaguer, llamada así por la cercanía de la casa del anciano presidente e inocentemente recuerdo como justo este año 2013 eliminaron de Francia la última calle con el nombre del General Petain, indiscutible vencedor de Verdun, indudable traidor de la Vichy France.

Despejando mi mente, reinauguro mis pies sobre las modernas aceras de la avenida Máximo Gómez, héroe de las dos Repúblicas –Cuba, la patria de su esposa y Dominicana, su tierra natal en el árido y precioso Monte Cristi--. Planifico que doblaré a la izquierda en la Avenida Independencia para llegar por su vía hasta la Zona Colonial, teniendo la privilegiada desdicha de pasar por frente el Palacio de Bellas Artes y de rememorar el triste drama de su sobrevalorada remodelación. Trago saliva a la vez que redoblo el paso y afortunadamente pude calmar mi angustia gracias a que su extrañamente baja cerca me permitió imaginarme volándome y jugando futbol en sus amplios e inutilizados “jardines” sin árboles.



De vuelta en la ruta, la tradicional Avenida Independencia me permitió apreciar interesantes visiones como la sede del Partido Comunista dominicano así como la casa nacional del PLD, la Corte de Trabajo del Distrito Nacional y la raíz más amorfa y perturbadora que mis ojos presenciaren jamás. Su visión me hizo preguntarme si la misma estará sana o si árbol que sustentan no será más que un cascarón vacío, como aquellos otros metafóricos árboles que presencié en el camino.





Poniendo a un lado mí asombro continúe caminando hasta desembocar en el Palacio de Justicia de Ciudad Nueva, donde coincidencialmente se estaban celebrando las elecciones del Colegio de Abogados. Lamentablemente, como ya pasaban de las 5 de la tarde no pude echar mi voto por ninguno, ni siquiera por el Dr. Pérez Volquez, quien amablemente contratara una asistente para que me llamara tres veces recordándome la fecha de las elecciones. ¿Cómo habrá obtenido el doctor mi número? Me imagino que mi planilla de inscripción al colegio habrá jugado algún papel en el asunto.

Después de saludar a algunos amigos y colegas dejé a un lado el proselitismo gremial y  tomé la calle José Gabriel García, eximio historiador de nuestra época colonial, y en pocos minutos ya me sentía cerca de mi destino final. Me gusta mucho esta calle porque es amplia y tranquila, las personas adornan sus casas y pasar por ella me da la oportunidad de pasar frente al “Obelisco Hembra”, Monumento Trujillo-Hull o Monumento a la Independencia Financiera, frente al cual hay

Menos que un parque, una explanada
Sin ningún tipo de valladar,
Donde siempre veo niños jugar
A pesar de los veloces carros que transitan,
A escasos metros frente al mar.

Omito el Parque de los Cañones y la estatua de Fray Antón, dominico tan reaccionario como los jesuitas, prefiriendo pasar por la Puerta de la Misericordia y ¡voilá! ya estoy en la Colonial Zona. Bajo la velocidad de mis pasos y comienzo a respirar el aire de una ciudad con 500 años de antigüedad.

¿Qué hacer? ¿Qué hacer? Subo por la Palo Hincado, pasando por el Antiguo Registro Civil y Conservaduría de Hipotecas, tan triste y desolado que nadie pensaría que fue solo hace poco más de un mes que lo desalojaron, pues en realidad hace más de 5 lustros que lo abandonaron. Subo hasta la Puerta del Conde y en el histórico Parque Independencia, donde los mejores y peores intereses de nuestro país se han dado cita, me detengo frente a un montón de libros en el suelo. Inquiero por su propietario y un caballero apoyado en su motor y acompañado de un pequeño me vende por 100 pesos una antología casi completa de las obras de Manuel del Cabral, quien a decir de algunos entendidos, es nuestro mejor poeta. Finalizada la transacción cruzo la Inmensa Bahía en la cual se ha convertido la Calle Palo Hincado e inició a caminar por el Conde, la cual entiendo es la única calle peatonal de nuestro país, salvo por un infructuoso intento que se hiciera en mi adorado Santiago.

No hay mucho nuevo que decir sobre el Conde. Los caminantes son variados y los comercios variopintos. Sin más, llegó hasta el Palacio de la Esquizofrenia (Bar Restaurante El Conde), ubicado en el parque Colón, donde los pies de la estatua del Almirante son acariciados con añoro por una taina desvestida, en muestra de ese claro erotismo irreverente que los artista disfrutan de incluir en sus composiciones. Después de unas vueltas entre molestas palomas subo la calle Isabel la Católica y después de mucho pensarlo, tomo la ruta hasta Las Damas, primera calle trazada en la ciudad de Santo Domingo, primera calle trazada en el Nuevo Mundo.

Mi primer stop es determinado por el ritmo de los tambores africanos y los timbales tan caribeños. Resulta que en la Plaza María de Toledo estaban montando una función los famosos Guloya de San Pedro de Macorís, declarados en el 2005 Patrimonio Cultural de la Humanidad. Cayéndoles detrás algunos instantes en su ajetreado quehacer centenario recordé lo que tanto me decía mi amada: “la cultura no es solo la cultura oficial”.



 
Después que quede satisfecho de atabales torné mis pasos hacia El Homenaje, otra primicia, la torre más antigua de toda América y tristemente celebre prisión de los líderes más revolucionarios de nuestro país. Cuando atravesé la milenaria puerta, todavía estaban montando una tarima, por lo que, conociendo bien el torreón por anteriores visitas, no seguí a la multitud de visitantes y más bien me arrinconé bajo un almendro a leer algunas estrofas de Manuel del Cabral, no sin antes fotografiar a un crucero que iluminaba la otra orilla del Ozama, sobre una cama de agua, bajo una espuma de grises.




Ahora, después de leer unas líneas, confieso que no sabia que Del Cabral fuera tan explicito:

La mano de Onán se queja

Yo soy el sexo de los condenados.
No el juguete de alcoba que economiza vida.
Yo soy la amante de los que no amaron.
Yo soy la esposa de los miserables.
Soy el minuto antes del suicida.
Sola de amor, mas nunca solitaria,
limitada de piel, saco raíces…

Disfrutando su inusual estilo para tan presentes, pero omitidos temas, leo hasta que la noche me roba de la luz primaria. Ya en ese momento la tarima está presta y escucho una voz que me invita a presenciar la función. Leo unos últimos versos y tomo un robo de la seminoche un último daguerrotipo.

Oda escrita en la piedra

Hay algo más que el viento buscando ser instinto,
algo más que la ola
que quiere andar de pie como la sangre.
Hay algo más que aquello que rezaba a las piedras,
suave como la muerte del cabello del indio,
simple como el secreto transparente del agua.
Hoy aquellos que fueron siempre mudos,
los que siempre llevaron en la sombra
la dignidad del loto que crece sobre el cieno,
se acercan a la tierra,
y echan voces por granos, como quien va regando
la conciencia.




Soy nuevamente preso de la música, pero esta vez, en lugar de tambores, tamboras y acordeones. Una orquesta toca la mangulina y personajes en traje típico danzan con brío y destreza sobre el reciente escenario. Noto extrañado que muchas mujeres bailan con hombres bajitos y a medida que me voy acercando las cosas se me aclaran, aun antes que la Maestra de Ceremonias lo resaltare: Todos los músicos y uno de cada pareja de bailarines sufre algún tipo de discapacidad, ya sea visual, motora o genética. Estoy presenciando un auténtico triunfo de la voluntad sobre los azares del destino y el triunfo es agridulce cuando se restriega en mi rostro de dominicano fallido, que apenas puede alcanzar el triste paso de un triste merengue apambichao.






Dejó el terraplén inspirado y me continuo mi paso, deteniéndome en el Panteón Nacional donde reposan los restos de los más notables dominicanos. Allí mientras un guía le explica a una pareja argentina que Salomé Ureña fue la madre de Pedro Henríquez Ureña, a quien los argentinos asumen tan propio como nosotros a Hostos y otro le detalla en francés a una familia haitiana todas las características arquitectónicas del Panteón, antiguo convento de los jesuitas hasta su expulsión del país, yo pongo los ojos en una figura insigne que no pensaba encontraría en estos muros: Gastón Fernando Deligne, el poeta más puro del siglo XVIII cuyo sarcófago irónicamente se encontraba justo arriba del de Pedro Santana:

Ololoi

Él, de un temple felino y zorruno,
halagüeño y feroz todo en uno;
por aquel y el de allá y otros modos,
se hizo dueño de todo y de todos.
Y redujo sus varias acciones
a una sola esencial: ¡violaciones!
Los preceptos del código citas,
y las leyes sagradas no escritas,
la flor viva que el himen aureola
y el hogar y su honor... ¿qué no viola?...
Y pregona su orgullo inaudito,
que es mirar sus delitos, delito;
y que de ellos murmúrese y hable,
es delito más grande y notable;
y prepara y acota y advierte,
para tales delitos, la muerte.

Ahhhh Gastón, ¡que incendio tu poesía! Para no dejar que me coja la tarde, prosigo mi travesía y caigo en la Academia de Ciencias de la República Dominicana, la cual parece estar dedicada más que nada a la minería, siendo su principal proyecto ahora mismo la deslegitimación de la explotación de la Mina de Pueblo Viejo por la Barrick Gold. No obstante, entre los distintos minerales y mapas de placas tectónicas del país se destaca un ala inmensa dedicada completamente al sincretismo religioso de nuestra patria.  “La cultura no solo es cultura la cultura oficial” retumba en mis oídos mientras observo como se erigen numerosas representaciones “tradicionales” de santos católicos levemente modificados. Protagonista de la escena, Santa Marta la Dominadora:





Ahora bien, nada me había preparado para esto. Literalmente junto a Galileo y Darwin, pero con una estatua más grande e imponente que estos dos, un personaje amado pero ciertamente ajeno a una Academia de Ciencias se yergue imponente sobre nuestras cabezas. Abajo una placa que lo destaca como luchador antitrujillista y vincula su figura a Francisco Alberto Caamaño, como si este fuera la reencarnación del santo de la estatua: Liborio Mateo Ledesma.




Ciertamente quedé fascinado por lo que allí pude ver, pues además de minerales y estatuas tenían revistas propias de botánica, filología  filosofía, pero admito que me decepcionó la falta de informaciones valiosas de parte de los guías presentes allí esa noche. No obstante, ni lento ni perezoso continúe mi recorrido por la antigua ciudad, conduciéndome mis pasos a nuestra bienamada Catedral Primada de América, joya del nuevo mundo, tres veces visitada por el Papa. Una la luz amarilla que acariciaba sus murallas invitaba a caminarla con sigilo, chasqueando solamente las hojas secas en el suelo y el flash de mi improvisada cámara celular.




Lamentablemente, había una boda en progreso y un policía me ordenó de buena manera salir de sus rededores. No obstante la expulsión, la salida fue tan hermosa que valió la pena aquel leve vejamen.



Continúe mi noche en el museo dando pasos por la Calle Padre Billini, aquel humanista fundador del primer manicomio de la isla. Allí experimenté en suela propia el material con el cual el Banco Mundial planea adoquinar las calles de la Zona. Se veía bien, ya veremos después su mantenimiento:




Sigo la calle hasta el fondo, buscando Casa de Teatro, pero me prefiero detener un poco después en la Fundación Silvano Lora, sitio en apariencia aburrido, pero construido a favor de un hombre excepcional, de aquellas personas que hacen que el mundo valga la pena: Silvano Lora, pionero del arte reciclado, muralista del constitucionalismo y eterno impugnador del estatus quo. Muchos desconocen que en el aniversario de los 500 años del “Descubrimiento” el artista interrumpió la ceremonia oficial en una canoa, vestido de taino y lanzando flechas a las autoridades, pero más importante aún es conocer como organizó y celebró en tres ocasiones la “Bienal Marginal”, evento artístico que buscaba dar al traste con los parámetros museísticos de apreciación estética y dar espacio a las expresiones creadoras de aquellos que sin formación previa ni medios económicos habían encontrado la forma de hacer arte entre las precariedades.

Alma mutante. Ubicada en la Fundación Silvano Lora

Quedé impresionado y ansioso de aprender más de este inusual personaje, pero siendo ya las 8:00 PM me preguntaba si en el teatro Guloya no tendrían alguna obra de mi interés. Descendí hasta la calle Arzobispo Portes e inquirí por las obras en escena. Desafortunadamente, la obra este fin de semana era de incidencia navideña y enfoque familiar, por lo que se escenificó a las 5:30, pero al momento era libre de gratuitamente apreciar la exposición de belenes amablemente prestados por la Asociación de Beleneros de la República Dominicana. Este arte ciertamente evocativo me mereció una mención:



Como no había obra, di unos pasos más adelante hasta el Centro Cultural de España, donde luego de aprender de la labor en el tratamiento de agua y desarrollo institucional y educativo auspiciada por ese centro, fui invitado a presenciar gratuitamente tres exposiciones magistrales: 1) La primera, una exposición con aspectos visuales e inscripciones en braille, que buscaba hacer entender al espectador la preeminencia de la vista sobre todos los demás sentidos y crear conciencia que ni siquiera en el arte generalmente se hace un esfuerzo en intentamos ser inclusivos; 2) La segunda, “Omniciesta”, de Julianny Ariza, exponía brillantemente el sublime desenganche del sueño y 3) la tercera era un proyecto en el cual a personas de la tercera edad, sin experiencia fotográfica previa, se les enseñó el arte de la cámara y del autorretrato, produciendo ellos mismos resultados muy interesantes:


Omniciesta de Julianny Ariza


Continuando mí viaje por la Zona ya empiezo a sentir el palpitar del hambre. Guiado por las luces en la plaza de España, pensaba encontrar algún vendutero que saciara mis anhelos, pero en el camino decido detenerme antes en “El Taquito”, una modesta cafetería con exquisitos Baconcheeseburgers y jugos naturales.



Dos carnes y un jugo de piña después, descendí las escalinatas de la vieja plaza de Nicolás de Ovando donde ¡vaya sorpresa!, me esperaba un concierto de merengue típico auspiciado por el Ministerio de Cultura y encabezado por Johnny Ventura, con la participación estelar de Maridalia Hernández. Los temas: solamente clásicos entre clásicos del más puro perico ripiao.



Satisfecho y lejos de agotarme, cuando ya la medianoche se cernía sobre el ambiente decidí tomarme un tiempo para explorar el Museo de las Casas Reales, el cual, con sus amplios salones y lúgubre estilo, siempre estimula las áreas más románticas de mi imaginación:



Ya después, paseando suavemente por las seculares avenidas de antaño, me dispuse llegar hasta el teatro guloya, sitio que consideraba lo suficientemente cerca y a la vez lo suficientemente lejos de la maraña de carros que inundan la Zona los sábados como para poder pedir desde allí un taxi con tranquilidad. De paso me detuve en el Museo Trampolín, hermosa iniciativa de museo infantil, pionera en nuestro país del aprendizaje mediante juegos y una vez fuera, mientras terminaba la calle Las Damas, tuve dos agradables sorpresas: Primero, pude ver como se nivelaba un vaciado de las nuevas calles de la Zona, trabajo tan bien hecho que se hizo de noche para que los camiones no interrumpieran el paso propio del comercio cotidiano.



Y por último, una caminata por el museo de lo personal: Cuatro niños que jugaban basquetbol en un improvisado arito, colgado en la ventana de una casa, en medio de una calle polvorienta. Cuando les pasé al lado, mi corazón infantil no pudo dejar de pedirles un tiro y mientras la bola despegaba de mis manos en una parábola perfecta, pude envisionar como el hule caliente acariciaba la malla en un tiro sin arrugas… Lamentablemente un niño malcriado, encaramado en la ventana, le dio un tapón a la pelota antes de que entrara. No importa, de todas formas, iba para dentro.


domingo, 24 de noviembre de 2013

El amparo: Su virtualidad y eficacia




El amparo: Su virtualidad y eficacia





Nota aclaratoria: El término “virtualidad” será entendido según es definido por el diccionario de la Real Academia Española: Que tiene virtud para producir un efecto, aunque no lo produce de presente, frecuentemente en oposición a efectivo o real. En ese sentido, la virtualidad del recurso será su capacidad ideal para lograr efectos y la eficacia del recurso será su capacidad real de logar efectos.

Es difícil referirse al amparo con tonos negativos. El mismo es ciertamente una conquista de toda la sociedad en un país que carecía de cultura de los derechos humanos hasta hace poco y su reconocimiento, sin lugar a duda, marcó el inicio de una revolución en la forma de pensar de los ciudadanos y de los órganos del poder en la República Dominicana. En cierto modo, el amparo fue el primer paso en el proceso de modernización y constitucionalización de la justicia y ahora, con la ley 137-11, fue también el broche de oro con el cual cerró todo el ciclo de reforma nacional que incluyó el Código Procesal Penal, la Escuela Nacional de la Judicatura, la Constitución de 2010, etc. No obstante, y aún con todo a su favor, pueden todavía levantarse contra el amparo algunas críticas que merecen atención, especialmente en cuanto a su compenetración dentro del ordenamiento jurídico dominicano y el procedimiento para su interposición:

Imbricación amparo - referimiento: Mucho se ha dicho de la coexistencia de estas dos figuras, especialmente en línea de que siendo ambos procedimientos urgentes, sencillos, orales y destinados a sancionar turbaciones ilícitas sobre derechos, el amparo vino a llenar un espacio que no estaba vacío, ya que al momento de su entrada a nuestro país, dicho espacio ya lo ocupaba el referimiento.

Nos adherimos a la idea de que la única diferencia esencial entre ambos es que mientras el referimiento es provisional y no es apropiado que se acuda a él cuando existe contestación sería, el amparo es una acción de carácter definitivo en la cual pueden ventilarse conflictos de derechos en los cuales la solución no sea patente. Aparte de ello entendemos que ambos conceptos son isómeros y para ello analizamos brevemente la manera que el amparo entró al ordenamiento jurídico dominicano el 24 de Julio de 1999:

Resulta que en ocasión de una demanda en amparo interpuesta por Productos Avon a fin de que fuera revocada una sentencia que negó a Avon un sobreseimiento, la SCJ admitió la existencia del amparo en nuestro ordenamiento, pero negó que el mismo sirviera para atacar -por una vía distinta a los recursos ordinarios- las decisiones jurisdiccionales. Los abogados de Avon ya habían posiblemente intentado el referimiento, siéndoles negada la ordenanza en suspensión. Finalmente nunca obtuvieron la deseada suspensión, toda vez que ni la interposición del amparo, ni la citación ante el juez de los referimiento tienen efectos suspensivos de pleno derecho.

Procedimiento urgente para cuestiones de fondo: Es un problema de “actitud” del amparo el hecho de que el mismo posea un procedimiento tan precario, breve, oral, sencillo y que a la vez las cuestiones que se deciden en sede de amparo sean tan trascendentes. A diferencia del referimiento donde se discuten medidas provisionales y los jueces fallan en vista de “turbaciones manifiestamente ilícitas”, evitando decidir cuando se evidencia la existencia de una “contestación seria”, en el amparo se analizan los derechos fundamentales de unas personas y se contrastan contra los de otras, pudiendo los reclamos de ambas partes ser perfectamente legítimos. Tal contradicción desmerita el trabajo de la justicia constitucional la cual a fin de dar respuesta a la urgencia legal a menudo se pierde la debida ponderación que tal recurso implica.

A modo de ejemplo: Una empresa telefónica instala con todos sus permisos una antena de transmisión en una zona que el ayuntamiento tiene lotificada como comercial, pero en la cual, sin embargo, hay docenas de viviendas. Una pareja de ancianos recurre en amparo contra la compañía telefónica por daños a su salud, tranquilidad, pleno goce de su vivienda, etc., ya que el ruido de la planta de la antena y las ondas radioeléctricas emitidas les han causado graves trastornos. ¿Se trata esta de una contestación que pueda ser rendida en dispositivo el mismo día de la audiencia como dispone el artículo 84 de la ley 137-11? Evidentemente que no.

Carácter subsidiario: No bastando con que el procedimiento de amparo sea funcionalmente idéntico al referimiento, además de ello, el amparo “viene de fábrica” con una inadmisibilidad casi automática, pues resulta inadmisible la acción de amparo cuando, de acuerdo al artículo 70.1 de la ley 137-11, “existan otras vías judiciales que permitan de manera efectiva obtener la protección del derecho fundamental invocado”.

El procedimiento de amparo está concebido para ser la puerta de acceso a la justicia para toda turbación que carezca de otra vía efectiva para canalizarse, pero al cerrar sus puertas a priori pierde la oportunidad de convertirse en el vehiculo de justicia constitucional sencillo y rápido, libre de costas y no sujeto al Ministerio de Abogados que pudo haber sido.

Un ejemplo de lo anterior: La CAASD corta el agua de una casa porque a pesar que haber pagado el mantenimiento, el administrador del edificio no ha hecho su correspondiente pago a la CAASD. EL afectado acude a la CAASD donde le dan respuesta oral de manera negativa. Su derecho al acceso al agua y la salud se han visto limitados de una manera ilícita. El afectado acude al amparo, pero el Juzgado de Primera Instancia del Distrito Nacional declara su incompetencia a favor del Tribunal Superior Administrativo[1]. El afectado acude ante el TSA, el cual tiene MENOS recursos económicos a su disposición a la vez que recibe casos DE TODO EL PAIS, tomando la acción más tiempo en conocerse. Cuando finalmente se conoce la audiencia, el tribunal se reserva el fallo y a las semanas declara el recurso inadmisible, puesto a que existen otras vías abiertas igual de efectivas, a saber: interponer un recurso contencioso administrativo para obtener la reinstalación del servicio y solicitar la medida cautelar de reinstalación provisional mientras se resuelve el fondo. En una situación como esta, la cual es evidentemente un poco halada por los pelos, ¿cómo puede decirse que el amparo haya tutelado el derecho fundamental perseguido? El amparo o debe ser una vía de derecho común, abierta para tutelar derechos fundamentales o debe ser vía expedita para asegurar provisionalmente el goce de estos, pero no puede ser ambas al mismo tiempo y con el mismo procedimiento.

La necesidad de un auto para citar y formalidades del emplazamiento: A pesar de que el procedimiento de amparo se ufana de ser urgente y requiere que el juez emita una decisión en el mismo día de la audiencia, el proceso de apoderamiento del tribunal es deferido hasta por tres días a fin de obtener un auto autorizando a emplazar y el conocimiento de la demanda es deferido hasta por cinco días, margen del cual goza el juez para fijar audiencia. Este plazo contrasta con el de los referimientos que ni siquiera en el supuesto más largo pasaría de una semana. Además de todo, se requiere que la audiencia sea notificada con al menos 1 día franco de antelación, conteniendo el auto de citación la fundamentación del recurso de amparo, además de las pruebas que se harán valer y su finalidad probatoria (art. 78 ley 137-11). Otro contraste con la citación del referimiento que no requiere de plazo ni de formalidades en el escrito.

Bajo estas condiciones, si una persona se entera de una turbación a su derecho fundamental el lunes y el martes lleva la instancia al tribunal, el tribunal tiene “legalmente” hasta el lunes para expedir auto de autorización a citación y posterior al auto tiene cinco días para fijar audiencia que puede ser, en ese caso, hasta el próximo lunes. Ese lunes puede ser que la parte impetrada solicite aplazamiento por no haber mediado tres días hábiles desde la citación o plazo para tomar conocimiento de los documentos o pruebas, los cuales no se encuentran suficientemente detallados en la instancia. Estas constituyen demasiadas rigurosidades de carácter legal como para asegurar la ritualidad del procedimiento de amparo.


[1] De acuerdo a la ley 498-73 la CAASD es una entidad autónoma adscrita al Estado, no al ayuntamiento del DN.

domingo, 28 de octubre de 2012

Elucubraciones sobre el derecho laboral



Elucubraciones sobre el derecho laboral
Por Erick Stern Comas







“Mientras haya humanos, habrá derecho del trabajo”-Ismael Comprés

El derecho laboral es el más positivado de los derechos fundamentales. Fruto de dos realidades convergentes, a) la necesidad del trabajo como prerrequisito a la existencia (desde la expulsión del paraíso el hombre está “condenado” a trabajar para ganarse el pan con el sudor de su frente) y b) la dureza de la vida obrera desde los tiempos de la esclavitud, pasando por la industrialización y llegando a los albores del capitalismo; la humanidad ha utilizado el derecho como instrumento del trabajo, primero consagrando el derecho a trabajar en incontables Constituciones nacionales y tratados internacionales (artículo 62 de nuestra Constitución y artículo 6 del Pacto Internacional de los Derechos Económicos Sociales y Culturales) y segundo, regulando las condiciones de prestación de los servicios subordinados, a través de multitud de leyes nacionales y convenios de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Es claro que para la humanidad es más importante poder trabajar que trabajar dignamente, así como toma preeminencia (o se prefiere) el vivir sobre el vivir con dignidad. Esto se ilustra en la jerarquía normativa correspondiente al derecho al trabajo (Constitución, tratados multilaterales de derechos humanos) y al derecho del trabajo (leyes, convenios de la OIT) y tiene consecuencias muy directas a la hora de una posible modificación del Código Laboral, pues los empleadores, dueños del trabajo, tienen una ventaja decisiva sobre los obreros, que requieren el trabajo para subsistir.

Si bien en lo personal somos contrarios a muchos de los criterios legales contenidos en el actual Código Laboral, si reconocemos que:

1)      Como decía Rafael Alburquerque “el derecho laboral es un estorbo al neoliberalismo” y la denodada labor de nuestros tribunales de trabajo nos ha salvado de caer completamente en las turbias aguas de la economía del libre mercado, ciega e implacable, propiciadora de injusticias y verduga de la moral, que actualmente experimenta su inexorable caída en el mundo occidental. Si en República Dominicana, aparte de todos sus problemas e iniquidades, los marginados obreros no tuvieran derecho siquiera a la liquidación y no sintieran que al menos ante los tribunales pueden llevar sus quejas y ser satisfechos en sus justos reclamos, sospechamos que, como en otros países de America, las posturas políticas radicales y la violencia clasista estarían más presentes en nuestra realidad cotidiana, lo cual la haría en verdad, insufrible.

2)      Los trabajadores y los empleadores necesitan instrumentos normativos que den respuesta a fenómenos actuales como el teletrabajo, la subcontratación, el outsourcing, el trabajo masivo de extranjeros o la seguridad social.


El Código Laboral dominicano es un instrumento anticuado que tampoco plantea nada claro relativo a la formación de personal (cuando la empresa eroga fondos para adiestrar trabajadores), al trabajo a destajo y la jornada laboral no fija o fuera del lugar de trabajo, al jus variandi o “reformatio imperius”, al trabajo pagado y no realizado, al cobro de costas y condenaciones a los trabajadores, a las huelgas y paros, etc. Todos estos son puntos clave que nuestra ley no contempla ni ayuda a nuestros tribunales a solucionar de manera pretoriana, por lo que deben ser urgentemente abordados de manera consensuada en una posible reforma laboral.

Es cierto que la humanidad ha avanzado mucho desde aquellos tiempos en que las huelgas eran punibles con la muerte. El primer paso de avance lo constituyó, según las fuentes más reputadas, el artículo 123 de la Constitución de Querétaro de 1917, el cual disponía que “toda persona tiene derecho al trabajo digno y socialmente útil; al efecto, se promoverán la creación de empleos y la organización social de trabajo, conforme a la ley”. No obstante, el momento clave de la historia del derecho del trabajo no deja de ser la inclusión en el Tratado de Paz de Versalles de 1919 de su parte décimo tercera, la cual inicia diciendo que “considerando que la Sociedad de Naciones tiene por objeto el establecimiento de la paz universal y que esa paz solo puede ser establecida si se basa en la justicia social”, dejando incorporada allí mismo la Organización Internacional del Trabajo (OIT), único órgano internacional que sobrevivió la Segunda Guerra Mundial y continuó existiendo desolado hasta su incorporación al sistema de Naciones Unidas en 1945.

Quisiéramos hacer un breve paréntesis respecto a la OIT. En la actualidad, en virtud del artículo 27 de la Convención de Viena sobre el derecho de los Tratados (CVDT), ningún Estado puede alegar sus leyes internas para incumplir sus obligaciones internacionales, obligaciones que se consideran erga omnes, es decir, contratadas por el Estado con relación al resto de la humanidad. No obstante, para nosotros no está claro si las personas en República Dominicana pueden prevalerse ante los tribunales de trabajo de los Convenios de la OIT, ya que nuestra Constitución solamente acepta de manera clara la visión monista[1] del derecho internacional con relación a los tratados de derechos humanos (artículo 74.3 de la Constitución). Y aunque la República Dominicana “reconoce y aplica las normas del derecho internacional, general y americano, en la medida en que sus poderes públicos las hayan adoptado” (artículo 26.1 de nuestra Constitución), leyes como la 424-06[2] de implementación del DR-CAFTA, hacen pensar que para nuestras autoridades, se requieren leyes especiales para hacer lo tratados internacionales aplicables en el país, lo cual a nuestro entender es una práctica equivocada ya que los tratados, si bien son firmados por mandatarios de mandatarios (funcionarios nombrados por el presidente, que es mandatario del pueblo), siguen un proceso de ratificación que en nuestro país consiste en un control previo ejercido por el Tribunal Constitucional, seguido de una resolución del Congreso aprobando el Tratado, lo cual debe ser suficiente para legitimarlos.

Volviendo al tema de nuestro Código de Trabajo, obviamente es impensable retroceder en cuanto a la defensa de los derechos fundamentales, pero fenómenos como la modernización, la especialización del trabajo y el temor de la competencia internacional (la cual ha llegado a RD sin nosotros estar preparados para contrarrestarla), estimulan reformas a nuestro régimen de derecho del trabajo.

Problemas

Teletrabajo: Se pone en juego la subordinación y quien es el responsable. Ejemplo. Open English. Una compañía que contrata profesores que dan clases a los alumnos a través de sus computadoras, desde la comodidad de su hogar. ¿Existe, en este caso, un servicio personalizado, remunerado y subordinado, hecho a favor de otra persona? Si se es formalmente autónomo, pero materialmente dependiente, ¿se es trabajador en el sentido del Código Laboral?

La sublimación del concepto “lugar de trabajo”: Las personas contratadas para realizar un servicio subordinado en lugares distintos (compañías de pintores de casas o instaladores de ventanas), ¿siguen el mismo régimen que los trabajadores con un lugar preestablecido? ¿Debe el empleador transportarlos? ¿Cómo se imponen las restricciones en cuanto a horario de trabajo o el “abandono del lugar de trabajo”?

Relaciones triangulares: Empresas de empleo y subcontratación. Por ejemplo, las plazas y oficinas están consistentemente contratando con Doncella, compañía que maneja empleados de limpieza y camareros, ¿cuál es la relación de los trabajadores de Doncella con los dueños del local donde proporcionan sus servicios? ¿Deben obedecerlos “en lo relativo al trabajo”?

Call centers: No es la misma persona quien contrata el servicio que el dueño de los equipos sobre los cuales el servicio es realizado. ¿Qué pasa si hay robo de las herramientas?

Mercado informal: No tributa, no se cuantifica, no sigue normas de seguridad e higiene. La ley no lo excluye, pero no lo alcanza.

Asistentes o ayudantes: En muchos talleres y fábricas los trabajadores llevan ayudantes, generalmente sus hijos, pero la ley contempla muy poco respecto a los mismos. La ley debe adaptarse a la realidad, no viceversa.

La conciliación: La conciliación obligatoria en materia laboral no ha funcionado nunca y al momento, solo sirve para retrasar el proceso y aumentar los gastos. Se ha planteado la instalación de salas especiales para la Conciliación, pero también la eliminación completa de la institución. En todo caso, los vocales son una figura obsoleta que necesita repensarse.

El salario variable: La empresa quisiera tener el poder de variar el salario de acuerdo al rendimiento, a lo producido o las cualidades del trabajador, pero los formularios de trabajo no lo permiten, los tribunales lo consideran injusto y el Código Tributario penaliza con un 29% todas las prestaciones accesorias ofertadas por la empresa a trabajadores específicos, en lugar de a todo el personal.

El pago electrónico: El pago por transferencia electrónica choca con las reglas de la garantía del salario, pero la realidad parece señalarlo como preferible al efectivo.

Empleadores extranjeros no domiciliados en el país: ¿Ante que tribunal y cómo se interpone la demanda? ¿Cómo se demuestra la subordinación donde no hay gerente ni director? Se diluye la subordinación en todos los aspectos menos el económico.


El sector servicio: Se ha vuelto mucho mayor al sector primario o industrial y requiere normas especiales para regir sus relaciones de trabajo.

Dumping social: La competitividad internacional y, a veces, la ambición desmedida, busca rebajar garantías para reducir el costo y eso debe combatirse.

Finalizamos estas breves elucubraciones con otra cita de Ismael Comprés: “La flexibilización no es mala, la desregularización si, al menos regulación de principios”.


[1] Visión monista: Plantea que los tratados internacionales son aplicables sin necesidad de leyes que los introduzcan en el ordenamiento nacional.
[2] *Segundo Considerando de la ley 424-06: “Que para la adecuada puesta en vigencia de “El Tratado” es necesario asegurar la plena consistencia entre el orden jurídico interno y los compromisos de “El Tratado”, de forma tal que se elimine toda posibilidad de contradicción que pueda crear confusión e inseguridad jurídica para los agentes económicos y la inversión”.

Samaná: La belleza oculta o el arte de no dar mente a nah



SAMANÁ: LA BELLEZA OCULTA O EL ARTE DE NO DAR MENTE A NAH

El pasado 15 de agosto tuve la oportunidad de visitar la exquisita provincia de Samaná, permaneciendo más tiempo en su común cabecera (“común” es sinónimo de “municipio”), Santa Bárbara de Samaná, incluyendo su distrito municipal, Las Galeras.

Samaná supuestamente fue elevado a distrito marítimo en 1867, lo cual equivalía a provincia, proviniendo su nombre de vocablos tainos. Su común cabecera data de alrededor de la mitad del siglo XVIII, siendo bautizada en honor a la reina Bárbara de Braganza, reina de España en ese momento.

Por supuesto, este no pretende ser un ensayo escolar acerca de tan singular provincia, históricamente ignorada por el gobierno nacional, sino un recuento escueto de mi viaje que me dejó algunas desabridas impresiones.



Lo cierto es que acompañado por un entrañable amigo nos embarcamos a nuestra travesía bien temprano, siguiendo la ruta de San Francisco de Macorís y tomando un desvío en Arenoso, para aprovechar un “tramito” de la carretera nueva, sin tener que atravesar Nagua. Al llegar a Santa Bárbara pude rápidamente resolver las diligencias que me llevaron a emprender el viaje y el resto del día se nos presentó como una buena oportunidad de exploración. Nuestra primera acción fue dirigirnos a Las Galeras, por una carretera estrecha, enlongada, pero en excelentes condiciones, donde pudimos disfrutar de frescos paisajes soleados. Al llegar a la Playa de las Galeras, el mar se abrió como una cuenca gigantesca, adornada por vistosas palmeras y vibrante follaje a su alrededor, el cual mi cámara fue incapaz de capturar en todo su esplendor.



Algunos restaurantes de la playa mostraban el tradicional estilo dominicano consistente en ranchos de mampostería, pisos de cemento pulido y techos de zinc, pintados todos de un solo color, verde, blanco o amarillo, con letras en rojo que dicen “Restaurant…” y publicitan su oferta gastronómica. La conversación con un botero arrojó luz sobre las playas cercanas para bañarse, su inaccesibilidad por otro medio que no sea bote y los precios que le dan a los cara-de-bobo como nosotros.

Mientras el hambre se cernía sobre nosotros, nos dimos cuenta de la necesidad de procurar sustento y recorrimos dos veces la calle principal del distrito en búsqueda de un sitio que nos llamara la atención. Finalmente, un letrero más estilizado que los demás nos hizo fijarnos en un sitio con mejor presencia que los otros.



Limpios pisos de grava, nuevas mesas de madera barnizada y un elevado techo de zinc cubierto de cana, nos invitaron a tomar asiento en un comedor típico donde el pescado, el arroz, el concón, las habichuelas, la limonada y hasta el aguacate eran tan baratos y exquisitos que cuando recordé que quería fotografiar la comida, ya había desaparecido casi la mitad.



Después de contentar nuestro paladar regresamos a Santa Bárbara, donde exploramos “la chorcha”, iglesia protestante construida por los pobladores cocolos en un estilo muy exógeno a nuestra isla y que se mantiene en pie y vigente como centro espiritual a más de un siglo de su fundación.


Podemos decir que hasta el momento, nuestro viaje había resultado ser positivo y revitalizante. Nos dirigimos hacia el muelle, curiosos por unas extrañas máquinas de ejercicio que vimos allá, muy peculiares y diría que hasta útiles, a fines de propiciar la práctica de deportes en un país donde las medallas de oro se celebran con tanta grasa y alcohol que hombres y mujeres jóvenes de nuestra nación presentan numerosos problemas de obesidad, gastritis y malnutrición. No obstante, más nos llamó la atención la negritud del agua de la costa, la cual, una inspección más detallada reveló que debíase al vertido intratado de aguas residuales directamente al mar, donde patos nadaban y botes pequeños atracaban. Definitivamente, no recomiendo bañarse en esa playa.



Como potencial turista sentí repulsión y preocupación, unidas al coraje de ver como todo parecía haber sido dispuesto para hacer de ese muelle el principal foco de atracción turística, con kioscos y miradores a lo largo de la orilla y el gran proyecto Plaza Príncipe (todavía pobremente explotado), solamente a una calle de distancia y, a pesar de ello, no parecía haber, por parte de las autoridades edilicias, un plan para al menos recoger la basura que se acumulaba en sus costas.



Vi una pareja que a mi entender era coreana (pero que bien podían ser dominicanos con ese fenotipo), desmontarse de su vehiculo con un niño pequeño, pararse a tomar dos fotos lejos de la orilla y marchar en menos de cinco minutos. ¿Qué los habrá hecho alejarse, el sol, la hora, la vista sucia? Quien sabe, no se quedaron lo suficiente como para poder deducirlo.

Prosiguiendo el camino tomamos lo que solo puede llamarse un sendero pedregoso para llegar al museo de la ballena, donde, por una simbólica contribución de 70 pesos por persona, recibimos un tour guiado por un joven de la localidad, acreditado por el Ministerio de Medioambiente para dirigir expediciones balleneras



El museo, aunque pequeño, era muy completo e incluía hasta el esqueleto casi completo de una ballena jorobada (no ponemos las fotos para que se motiven a ir a verlo). Resultó ser una experiencia muy positiva.

Después de salir del museo teníamos el interés de conocer el puente transmarino que adorna el retrato costero de la ciudad. Para sincerarme, siempre pensé que se trataba de un puente vehicular, pese a las admoniciones de mi amigo ingeniero civil. Al acercarnos, próximo al museo, pero atravesando una callejuela oculta, incluso en peores condiciones que la anterior, desembocamos en una triste esquina llena de basura y barcos encallados.



En una nota aparte, no sentí tristeza alguna al equivocarme respecto a la peatonalidad del puente, pues fue tan grata su visión y tan sincero mi orgullo patrio al verlo de acceso gratuito, disponible para todos los samanenses (tenia miedo, por su cercanía a un hotel aparentemente de lujo, que hubiera sido privatizado) que ni recordaba haberlo soñado vehicular. Quisiera resaltar, a favor del hotel, que a pesar de que éste opera la pequeña playa aledaña al puente y tiene su área reservada con “sheilones” y sombrillas de cana, esta área esta lejos de la costa y la playa es pública (¡gracias a Dios se respetan los derechos de nuestra ciudadanía!). A los blancos turistas se les ve jugando volleyball con los locales y comprando cositas de ocasión, pero si supieran que a unos 300 metros desaguan los inodoros de la ciudad, dudamos que fueran tan felices bañistas.



Volviendo al puente, el punto más álgido de nuestro viaje, el mismo está construido en concreto y recorre tres mogotes de piedra arborizados. Una vez salvada la escalera se abre ante ti la precaria construcción, cuyo aspecto es tan isleño y tan peculiar, que te invita a recorrerlo con un trago en la mano, descalzo o en sandalias, mientras ves los barcos y veleros maniobrar y digieres apaciblemente un coctel de camarones frescos.





Al terminar los primeros pasos entras al primer islote y eres seducido por una pétrea escalinata, amparada del inclemente sol por un tupido follaje. Todo está en paz y la vida es un camino sosegado que te espera. Entonce, cuando nada podía ser más perfecto, abres tus ojos dominicanos, escépticos, punzantes. Botellas viejas aquí, graffiti por acá, aquí hace falta una baranda y ¡saz!, caes al precipicio.



Te das cuenta que esta estructura se está a punto de desplomar. Las paredes se hacen añicos, las varillas se corroen por la sal, el moho y el olor a orines invaden el fétido ambiente y los “guaraguaos”, en su vuelo, no te parecen majestuosos, sino horribles y peligrosos. Ya ha muerto la ilusión primera y sólo queda la decepción típica del dominicano: todo lo bonito es una ilusión ya hace tiempo arruinada por manos inconcientes.

Al acercarnos al último peñasco, la impresión es la misma. De lejos, toda la exhuberancia de lo desconocido.



Al pisar tierra firme, una alfombra blanca tapizada de vasos y botellas, una playa sucia adornada de estiércol.



¿Por qué el síndico no tendrá al menos dos barrenderos asignados a esta área tan bella, tan azul e infinita? ¿Por qué la posible atracción turística más elegante y original de la zona parece un armatoste? Varillas desnudas y reducidas por el salitre, escaleras derruidas sin baranda o protección, miradores conquistados por maleza y hierba mala, placas de concreto ominosamente dispuestas, como esperando el sismo que las hará colapsar, tubos descascarados, ideales para guarecer el alambrado eléctrico mediante el cual el puente una vez se iluminó, mucho tiempo atrás. ¿Por qué “en medio de esta tierra recrecida… donde duerme un bosque en cada flor y en cada flor la vida”, ni siquiera los propios dominicanos sabemos darle un poquito de valor a lo nuestro? “Tierra santa y hedionda” como diría Joaquín Pasos.

En el camino de vuelta íbamos callados, dormidos, apesumbrados. Como nosotros, el cielo se anubló y una tormenta nos obligó a detenernos por un rato. Al final, horas después, crucé el umbral de mi casa en Santiago de los Caballeros, dejé mi bulto en la alcoba y me acosté a dormir. Por dentro, sabia que había realizado este viaje para limpiar mi alma y terminé igual de sucio, lo cual me hace sentir profundamente cansado.



Conversaciones con mi fe- El dinero



CONVERSACIONES CON MI FE

“Pónganse a salvo de este mundo corrompido” Hechos 2. 36-41

 
Hola. Hoy quisiera escribir de algunos temas religiosos y sus connotaciones políticas. Decía Gandhi, o al menos se le atribuye a él, que “el que piense que la religión no tiene nada que ver con política, no conoce el verdadero significado de la religión”. Esto porque la religión representa los anhelos más profundos y delicados del ser humano, no sólo el de trascendencia, sino su afán de justicia, de buenos gobiernos, de nobleza y reconocimiento, de explicación a la existencia y del lugar que se ocupa entre las criaturas, entre otras cosas. Visto así, las interrogantes son muchas y quizás resulten inabarcables por más libros que se escriban, pero mi afán no es dar respuestas, sino hacer preguntas.

El tema que quisiera tratar hoy es el dinero y la pobreza. ¿Se han preguntado ustedes alguna vez por qué Jesús exalta al pobre? No hablamos de mera defensa, ni tampoco compasión, sino dignificación en contraposición al rico: “Es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el Reino de Dios” ¿Por qué? ¿Es la riqueza anticristiana? ¿Plantea la biblia el necesario fin de la economía como la practicamos? Y de ser así, ¿plantea otra opción económica viable? ¿Es objetable el patrimonio del Vaticano?...

Jesús siempre ha sido presentado como pobre. Algunos argumentan que no eran propias siquiera las vestimentas que utilizaba, lo cual se ha prestado para muchas interpretaciones poéticas de Jesucristo. Por ejemplo, decía Joaquín Pasos de los pobres: “Nuestras figuras son apenas figuras del que vino por el mismo camino. Por eso es divino el polvo de nuestros pies, y divino nuestro destino”. No obstante, existen dudas respecto al nivel de pobreza de Jesús, ya que la Biblia lo presenta como carpintero, lo cual, sin duda, debió ser una profesión sumamente distinguida en una Nazaret desértica. Por otra parte, su padre terreno, José, se decía proveniente de la familia de David, aunque en razón de las numerosas esposas disfrutadas por reyes antiguos y actuales, eso, de ser cierto, no necesariamente implicaría ventaja económica de ningún tipo. También existe la posibilidad de una mala traducción de los textos bíblicos y que Jesús no fuese carpintero, sino picapedrero, trabajo más acorde con su humildad. Este es un punto de discusión intrascendente, pero que resulta interesante psicológicamente a la hora de preguntarnos si Jesús fue auténticamente el primer comunista del mundo y de cómo eso afecta nuestra postura como cultura occidental tradicionalmente cristiana, pero capitalista.

Es difícil definir a Jesús. Era un rebelde, pero se rebelaba ante pocas estructuras. Reconocía la validez del dinero (“al césar lo que es del césar”), pero rechazaba el afán de lucro “cualquiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío” (Lucas 14:33), viviendo su comunidad, no en la miseria, sino administrando una bolsa común (múltiples referencias a esto, ver e.g Juan 12:5). Aceptaba a los recolectores de impuestos y a las prostitutas, pero expulsó acremente a los mercaderes del templo. ¿Qué nos quiere decir Jesús con todo esto? ¿Acaso que la aspiración de la sociedad occidental equivocada y vacía al ser materialistas en lugar de espirituales, al ver al dinero como un fin, en lugar de un mero accidente? Posiblemente, pero ese no es todo el mensaje de Jesús, porque de serlo no hubiese dicho “vende todo lo que tienes, déjalo a los pobres y sígueme”. Hay algo más allá, algo consustancial a la riqueza que impide al corazón del que no es pobre acceder a la salvación. Esto es muy triste y susceptible a ataques como: 1) Venderlo todo y darlo a los pobres implica el reconocimiento del sistema mercantil, no ningún ataque o intento de destruir o modificar este sistema; 2) Dar todo a los pobres y unirme a ellos implicaría el agotamiento veloz de esa riqueza y la creación de un nuevo pobre, lo que no aliviaría en nada los males del mundo, en cambio, la riqueza bien administrada puede sostener una caridad constante por años; 3) El pobre no es modelo a seguir porque su corazón aspira a la riqueza para abandonar la penosa situación en que encuentra.

Todo esto es cierto, por lo que razonablemente podemos ver que la salvación no está intrínseca y exclusivamente ligada a la pobreza en el sentido de carecer de bienes. Como expresábamos, Jesús y sus seguidores no eran indigentes y en ningún momento de la biblia se evidencia que sufrían de necesidad. La dignificación del pobre en el Evangelio, así como la humillación del rico, tiene un significado mucho más profundo, en el cual el dinero está incluido, pero que lo desborda: Jesús nos pide acercarnos a los pobres para salir de la comodidad. Su predica es social, no para hacer del dinero un asunto relevante, sino para restarle importancia. Cuando Jesús nos dice: “esa viuda dio más, porque dio todo lo que tenía”, no la alaba por el dinero ofrecido, que era mucho desde un punto de vista relativo, sino porque fue mucho su desprendimiento y poca la importancia que le dio al dinero. Para la viuda, las monedas fueron un instrumento para hacer el bien, no un bien en si mismo para codiciar. Con su actuación, volvió a poner las cosas en el lugar que les corresponde.

Haciendo un poco de memoria, Adán y Eva no cometieron el pecado original al desobedecer a Dios simple y llanamente. Dios, de hecho, fue sumamente permisivo dándoles un paraíso y poniendo todo lo que se encontraba en él bajo su dominio. Sólo había un árbol del cual Dios no quería que los humanos comieran y no era ni siquiera el árbol de la eternidad (Génesis 2:17), sino el árbol de “la ciencia del bien y del mal”. ¿Qué peligro representaba este árbol? Que tan pronto el hombre comiera de él, se atribuiría el poder de decidir lo que era bueno y era malo. Ya no sería Dios, ni el orden natural por El instaurado lo que mediría y “justificaría” el accionar del hombre, sino la propia opinión humana. Al comer del árbol, el hombre se constituyó en la medida de todas las cosas y eso estuvo mal, por eso fue expulsado. Lo peor, es que ni siquiera se mantuvo así; ya para tiempos de Jesús, una fascinación primitiva había invadido al ser humano y para algunos, las cosas estaban incluso por encima del hombre.

Ante este panorama tan sombrío es que Jesús reacciona. El pecado del joven rico “que había cumplido todos los mandamientos”, no era ser rico, sino que cuando le preguntó a Jesús como salvarse, fue incapaz de poner a Dios por encima de sus bienes. Se evidencia que su deseo de salvación no era sincero si el Hijo de Dios Hecho Hombre le ponía como único requisito para seguirlo y llegar al Padre el renunciar a su oro, y al joven rico esto no le satisfizo.

Dice Tomás de Kempis en “La Imitación de Cristo”: “Que diferente sería la vida si adquiriésemos conciencia de la eternidad”. Aprenderíamos a desechar todas las pequeñas prisiones que nos impiden ver las cosas en su justa dimensión y en el lugar al que pertenecen.  Ciertamente, para el pobre, el que no cifra su esperanza en hombres o bienes, es más fácil seguir a Dios y renunciar a la falsa seguridad de este mundo, pero no puede afirmarse que esto sea una virtud, sino más bien, una necesidad, ante un mundo hostil que no ofrece ninguna seguridad.

No sé si lo correcto es el capitalismo, el socialismo o el anarquismo, si la salvación del pueblo será la educación o el libre comercio. El evangelio plantea tantas preguntas respecto a nuestro mundo actual que efectivamente constituye una obra al margen del tiempo. Esas preguntas corresponderán a mayores mentes que la mía tratarlas, pero mientras tanto, no debemos de dejar de preguntarnos y entre esas preguntas, debemos buscar si en nuestra pirámide de valores los asuntos accesorios de la vida permanecen siendo accesorios y si podemos considerarnos “pobres de espíritu”, es decir, si estamos libres de estorbos, prejuicios, vicios y rencores.

La carrera más necesaria



LA CARRERA MÁS NECESARIA


Estuve leyendo el excelente libro de Oscar Cañizares “Scribo vobis” (les escribo a ustedes, en latín), el cual contiene una serie de cartas enviadas por él a jóvenes que participaron en el Campamento Rodante o fueron guías de su empresa de ecoturismo “Camping Tours”, la cual ofrece, a través de sus excursiones, una experiencia purificante que transforma los espíritus más duros e indolentes en agradecidos hijos de la Madre Tierra, aunque sea por un instante.


El autor durante una de las actividades del “campamento rodante” en la Loma Guaconejo, Nagua.

En fin, lo interesante del libro, escrito por un cubano expatriado y jesuita retirado, residente en nuestro país, es que se nutre de su experiencia personal para tratar de transmitir algún aprendizaje a aquellos muchachos atribulados que constituyen los destinatarios de estas cartas. En una que me llamó especialmente la atención, la penúltima del libro, recuerda cuando era estudiante en Toronto y asistió a la conferencia de un prominente científico. Al terminar la ponencia se le acercó y le preguntó qué le recomendaba estudiar a un latinoamericano. Cañizares, quien esperaba escuchar algo como “política” o “economía” o “sociología”, se sintió molesto al escuchar su recomendación: “Estudie ecología”. Nos cuenta que por más de 15 años ese consejo permaneció en el olvido.

Años después, “Cañizo” empezó a utilizar la ecología como ciencia directriz para encaminar las ideas políticas que transmitió a decenas de generaciones insospechadas. En la carta en cuestión expuso algunas, las cuales comparto y sobre las que quisiera abundar:

Lo primero es que el hombre, como ser racional, es capaz de entender su existencia como la culminación de procesos biogenéticos profundos y ancestrales que nos han colocado en la cima de una cadena, de la cual, no obstante, no podemos desprendernos. Depredar la vida es depredar al hombre, producto de la vida, no causa o centro de la misma.

No es necesario siquiera llamar la atención sobre un punto que se explica a si mismo: el hombre sólo podrá subsistir en la medida que proteja la cadena que lo mantiene, así como el que vive de una cuenta de banco, si retira más allá de los intereses, acabará con el capital. Esto trae a colación numerosos tópicos sobre los cuales no quisiera abundar, como la sobrepoblación, la escasez de agua, los combustibles fósiles, las mareas crecientes que amenazan con sumergir naciones enteras…

Lo segundo es que todo ejercicio humano debe nacer de un profundo sentido de responsabilidad, enfocado principalmente en cuidar de un planeta que “no es herencia de nuestros padres, sino préstamo de nuestros hijos”. Aparejado a ese sentido de responsabilidad, deben venir tres cambios profundos: 1) Los países desarrollados deben dejar de promocionar un modelo de desarrollo basado en la superproducción de bienes, basura y consumo de energía, que se sostiene a costa del detrimento de la tierra, la cual no pertenece a ninguna persona, país o unión de Estados, sino a todos los habitantes del planeta, incluyendo a las demás especies y a los seres humanos que aún no han nacido. 2) Los países en desarrollo necesitan cambiar su proceso de crecimiento, en el cual no solo se aspira a un modelo irresponsable y derrochador, sino que se destruyen las pocas cosas buenas que la vida en un país en desarrollo ofrecía, como son: baja huella ambiental; ausencia de ruido, contaminación y delincuencia; muchos recursos naturales, materiales, genéticos y escénicos al servicio de todos; etc. 3) El ser humano no sólo debe desterrar la negligencia o franco abuso que hace de su préstamo terreno, sino que debe luchar por la elevación del ser humano en cuanto a su dignidad de vida: un ambiente sucio y hostil, un trabajo esclavo, el hambre inmisericorde, el frío y la sed; son todos flagelos de nuestra especie a los que los más pobres son condenados, en gran parte por la apropiación, por parte de unos pocos, de todo el espacio vital y su explotación irresponsable.

******Otro tema de aguda importancia sobre el cual no pretendemos ahora abundar es la justificación del derecho de propiedad como derecho humano. Exponen los cooperativistas socialistas o “integrales”, que la propiedad como fuente de renta y poder es nociva y solo el hombre mismo, con sus capacidades físicas y espirituales, puede constituirse en fuente legítima de riqueza. Si bien es cierto que el derecho de propiedad es el único que excluye a los demás humanos (“yo poseo algo, por ende, tu no puedes poseerlo”), un mundo donde no exista la propiedad privada y todos deban valerse de su cuerpo y dotes para sobrevivir sería, al menos a primera vista, un mundo donde las personas con discapacidad serian descartadas, los padres no pudieran legarle nada tangible a sus hijos y la utilidad del ser humano seria puesta en duda después de pasada cierta edad.*********************************************************************

A partir de la quinta página, la carta se vuelva más política y local en sus consejos que meramente ecológica y global. No obstante, podemos encontrar matices de marcado derecho natural en sus aseveraciones, como cuando dice que “es natural y conveniente que los grupos defiendan sus intereses, pero esa defensa no puede ser en perjuicio de los otros grupos, o de la especie. El Estado debe permitir y promover este principio, pero debe arbitrar…para que el desarrollo de un grupo no sea a base del perjuicio de otro”. ¿Por qué? Porque la norma última, el fin más elevado, es el bien común y para buscarlo es que creamos gobiernos.

Cañizares continúa hablando sobre el fracaso de los gobiernos neoliberales. Si bien reconoce el beneficio económico como legítimo resultado del trabajo, la creatividad y el conocimiento, critica fuertemente a los gobiernos que renuncian a su función de trazar el dialogo nacional respecto a las metas de la sociedad para buscar un crecimiento que muy rara vez lleva “a la autentica democracia y al respeto a la justicia”.

La carta finaliza exhortando al joven destinatario a embarcarse en una carrera política, porque “sin hombres honrados y coherentes, no habrá política honrada ni coherente”. Yo, por mi parte, continuo preguntándome, cual será la “carrera más necesaria”. En un sentido, sin duda se trata de la ecología, la cual estudia a toda la vida como parte de un mismo flujo, incluyendo al hombre, y nos permite ver que el mal que el dominicano le hace a su Patria y a su prójimo, es un mal que ejerce sobre si mismo. Sin embargo, en un sentido figurado, la carrera más necesaria es la que corremos todos contra nosotros mismos, la que nos funde y refunde en el crisol de esta vida y nos permite ir creciendo en sabiduría, a la vez que descubrimos que tan lejos podemos llegar y qué podemos aportar. La propiedad, incluso de los talentos, tiene un fin social nacido de la responsabilidad, y la práctica política se compone de la suma de nosotros los corredores y de todas las justicias e injusticias que realicemos. Nosotros, por santos que nos consideremos, hasta por omisión somos parte de la injusticia que llega a nuestro país y permaneciendo inertes no hacemos más que perpetuarla. Es necesario seguir “corriendo” y, como decía el Mahatma, “convertirnos en el cambio que deseamos ver en el mundo”.


Vista desde “Cayo Levantado”, isla dominicana entregada a una empresa extranjera para su explotación.