jueves, 26 de junio de 2014

La sed verdadera

La sed verdadera


Magritte. Los amantes
http://blocdejavier.wordpress.com/2011/06/28/los-amantes-magritte/

Al flaco. Por el título y la inspiración.




Nunca es el momento oportuno, nunca es solo uno, siempre es más, entre todos los demás no es ninguno. Este es el momento oportuno. Abrir los ojos, salir de prisa, montar la brisa, cargar el peso, sufrir los coches, rimar de noche, cantarte un beso. Este es el momento preciado, este es el rincón preciso, este y solo este, no le hagas caso omiso.

Estuve buscando otra vez tener la vida por delante. Estuve andando, más bien gateando, más bien soñando, tener toda la vida por delante. Me he estado lamentando, he estado masticando, saboreando, más bien rumiando, volver a ser el de antes, pero ya he cambiado mucho, si bien no fumo todavía, pero mi barba crece, crece dura, crece y crece oscura, la piel se estira y se fractura, como una yesca consumida. Y en el verano de mi vida, brillan luces a lo lejos, como hogueras de un reflejo, son solo brillos de ventanas, rompiendo el silencio que a oscuras, fabricaban las persianas. Aquí, en este patio interino, que es mi rincón de concreto, las rejas de un barandal guardan mis secretos y crujen mis rodillas, chirriantes y sencillas, como llamas milenarias.

Tengo sueño, tengo arañas, tengo sucias telarañas y cajones del recuerdo y siento, o pienso que me acuerdo, que los sueños pierden brillo cuando se hacen realidad, ¿qué es la felicidad? ¿Qué es la vida, qué es mi edad? ¿Quién soy yo y por qué estoy vivo? Si estoy despierto o estoy dormido, ¿cómo saberlo en realidad? Es por la sed de saciedad.

¿Qué es la sed verdadera? Es como una reja que cubre una ventana de la cual no quieres lanzarte. Es como la brisa que hiela la mañana cuando quieres despertarte. Es como ese ojo que te pica sin que puedas rascarte, porque tienes miedo, porque duele mucho. Es como un sueño que te quita el sueño y solo quieres relajarte. Es como aquello que está ahí, pero que nunca ves, que te susurra, aunque lo ignores una y otra vez. Es siempre tu más marchita esperanza, pero que insistes en regar, es la más maldita de tus suertes, pero que quieres bautizar. Esa es la sed verdadera, la que no conoce hora, la que sorprende al que vela, la que consuela al que llora. Es la que apaga las hogueras de los fuegos más oscuros, la que nunca llega tarde, ni en momento prematuro. Llega, cuando tiene que llegar, porque siempre está contigo, te despierta, cuando te debes despertar y seguir tu camino.

domingo, 11 de mayo de 2014

Despertando en el medio de la noche




Despertando en el medio de la noche

La maquinización del hombre. Alejandra Bazán


Ya el reloj marca las doce y sentado frente al papel en blanco noto que no tengo ganas de nada. No tengo motivación, ni inspiración, ni impulso y lo que quisiera es dormir en mi cama hasta que el día está claro y despertar y darme cuenta que hoy no tenía que hacer nada. Dormir de nuevo y sentir el vacío de una vida sin agenda, sin horario, sin propósito.

Los viejos valores me repugnan, me aburren, me decepcionan. Trato de recurrir al patriotismo, al humanismo, al mesianismo para motivar mi cuerpo a mover mis manos, a ejercitar mis ojos, a poner en marcha mis pies, pero todo sin resultado. Cuando era más joven creí que podría cambiar el mundo, ahora me doy cuenta que ni siquiera puedo quedarme despierto después de medianoche, o al menos, que no quiero hacerlo.  Antes, y todavía a veces, tenía ideas revolucionarias que pensaba que podrían hacer girar las cosas, el menos en mi país. Soñaba con rescatar la conciencia nacional, combatir la corrupción, organizar el Estado poliorgánico, combatir la intolerancia, reformar el sistema impositivo y quien sabe cuantas ilusiones más, pero cada día que pasa es testimonio de mi fracaso en siquiera dar comienzo de ejecución a las expectativas tan grandes que tenia de mí mismo. Sintiéndome de esa manera, es ciertamente poco lo que podría aportar a ninguna causa y precisamente poco sería mi deseo de hacerlo.

Creo que antes me sentía diferente y tenía más deseos de actuar, ahora simplemente no sé cómo quedarme despierto ante el increíble cansancio que me ocasiona pensar en cualquier tipo de obligación, no solo solidaria, de cara a la sociedad, sino también personal, tendente a promover mis propios fines egoístas.  No comprendo este cansancio, pero siempre saca lo peor de mí.

Es difícil encontrar la paz cuando uno se siente inadecuado. Ahora que tengo conciencia de mi juventud fugaz, así es precisamente como me siento: inadecuado, inadaptado e incapaz. Sé que hay muchos problemas pendientes, pero el mundo no está hecho ni para los cobardes ni para los soñadores. Me parte la madre el racismo, el cinismo, la hipocresía, el mal agradecimiento, el hubris, la violencia, la vagancia y el hastío, pero soy víctima de todos y actor innegable de algunos.

¿Es posible transmitir algún mensaje positivo en este estado? ¿Cuál es mi mensaje para la juventud dominicana? Ese grupo selecto de imberbes colocados en el trayecto del tiempo a fin de llenar 1 día de la historia en un punto de la Tierra. Mi mensaje es que estamos despertando tarde a la realidad del mundo, tan tarde, que ya es de noche nuevamente.

Algunas de las cosas que he aprendido son: Que el mundo es de los ricos; que uno es más pobre de lo que cree; que tu persona interior no tiene la más mínima relevancia en cómo es percibida tu persona exterior y que los instintos más básicos del ser humano siempre o casi siempre prevalecen sobre los principios de un orden más elevado.

Otra cosa que he aprendido es que le mundo moderno no ha fracasado en construir una sociedad. La ausencia de héroes en nuestros días responde a un impulso exitoso de algunos grupos de poder en fabricar autómatas consumidores. No es que la juventud se encuentre rezagada o aletargada, es que el patrón válido de juventud de nuestros días es aquella que vive el momento, sigue tendencias, surfea las redes sociales, renuncia a los núcleos familiares y a la idea de permanencia, diseña su personalidad minuciosamente, de cara a la alteridad más que de cara a sí mismo y su proyecto de vida. Los perfiles sociales son el ejemplo perfecto. Cada persona depura su imagen hasta convertirla en algo perfecto, no como mecanismo para autodefinirse, sino porque su definición es la de lo que los otros perciben. Este es el hombre masa, el hombre tendencia, la persona cosa, la persona momento, o peor, la persona impersonal.

Yo lamentablemente me inscribo dentro de las líneas anteriores. Ya he perdido gran parte de mi sentido de trascendencia, de mi espíritu de eternidad y, por eso me he convertido en una persona promedio, asustado porque mi juventud se difumina en la misma medida que aumenta mi desencanto con la realidad.

Quisiera acabar con una nota positiva, si bien me resulta difícil. Lo cierto es que en la medida que más nos adentramos en la maraña de las instituciones actuales nos sentimos menos seres humanos, porque somos menos libres a fuerza de justificaciones precarias: salario, permanencia, estatus, etc. Presiento que mi estado actual de sentimiento, el cual intuyo es compartido por muchas personas en circunstancias de vida análogas, tiene mucho que ver con cómo los modelos de vida no han sabido responder al auténtico corazón del ser humano o, peor, han desconocido la dignidad de éste. Desde la niña de un pueblo fronterizo que para vivir tiene que trabajar como mula del narcotráfico, pasando por las prostitutas de lujo de Holanda, los jihadistas, los cocheros los críticos de arte, los abogados corporativos, los doctores peones de grandes farmacéuticas hasta los actores de cine a quienes les piden que comprometan su visión del personaje interpretado, a fin de darle más sex appeal, la verdad es que ya nadie es simplemente sí mismo, sino que seguimos modelos preestablecidos de lo que sentimos que la sociedad que nos rodea espera de nosotros, o en otros casos, fracasamos en alcanzar dichos modelos y caemos en otros que a los ojos que nos rodean son incorrectos o desafortunados.

Romper ese círculo requiere primero despertar. Ya es de día y como imaginarán, es “tarde” para llegar a mi trabajo. Romper con la completa neurosis de vivir en una vida de agendas y horarios requiere o adaptarse a ella o renegar de ella. No quiero convertirme en un ermitaño por lo que no puedo renegar de la sociedad establecida y como he visto, mis fuerzas no dan para cambiarla, por lo que solo me resta cambiarme a mí mismo, tarea indudablemente personal, pero la cual dudo cualquier pueda hacer simplemente por su cuenta.

Al final, me encuentro de vuelta donde empecé. Siguiendo los ejercicios cristianos, he visto mi vida, la he juzgado insatisfactoria, pero he sido incapaz de actuar para mejorarla. Sé que muchos esperan mucho de mí, pero nadie espera más que yo mismo. De hecho, a pesar de esta angustia que me agobia todavía espero poder incidir de manera positiva en m sociedad en la que me desenvuelvo: Combatir la corrupción, la depredación de los recursos naturales, la opresión, la desigualdad, la arbitrariedad del poder y quien sabe cuántas causas más que se ven tan lejos y tan imposibles. Me siento responsable por estos males, por eso me siento enfermo, porque me siento muy insignificante para combatirlos. Al final de todo, solo me queda la esperanza de que esa chispa de vida que El Señor colocó en mí haya sobrevivido la tortura de vivir encerrado en una oficina, en una burbuja social, en una jaula de falsos privilegios y descarriadas expectativas, sin sol, si aire, sin poesía. Todavía conservo la esperanza, la cual para nosotros los cristianos, sobrevive hasta después de la propia muerte.

lunes, 24 de marzo de 2014

A un maguey. Recordando a Cañizares

A un maguey

Verde maguey de largas hojas,
entre piedras y abrojos escondido,
en tierra de pardas depresiones
acosado por cactus y cambrones.
A tí maguey con hojas al universo abiertas
erguido, silencioso,
mudo testigo de sequedades y ventiscas.
A tí, maguey de espiga florecida
entonaré un canto de esperanza.
Yo, como tú, quiero dar testimonio
que no apremian los abrojos, las espigas o las piedras,
ansio gritar al viento tu lección suprema:
lo importante en la vida - cuando llega el tiempo-
es florecer sin importar el donde.

Oscar Cañizares

flor de maguey oliver flambert.jpg